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lunes, 29 de marzo de 2010

¡Que nadie pregunte qué mano ha trazado estas páginas: una obra como esta es en cierta medida impersonal. Responde al llamado de la conciencia: concebida por todos, alguien la ejecuta y la autora se eclipsa, pues sólo es el redactor de un pensamiento del sentir general, un cómplice más o menos oscuro con la coalición del bien.!

No estará exenta su lectura de frecuentes y vivas diversiones; no obstante, es preciso proceder con lentitud, como conviene que se lean los escritos que no son frivolidades.

sábado, 27 de febrero de 2010

Roads

2:36am.

La luna llora estrellas al escuchar el lamento de Susana mientras canta “Love came here”, cover de Lhasa de Sela, para continuar con "La Marée Haute", en el Café “La Confession”: un pequeño y bizantino lugar donde todos los viernes se congregan por las noches, los corazones desahuciados a desahogarse con la vibración fantástica de la voz de Susana.

Al último acorde de la guitarra acústica de Francisco, Susana finaliza con un suspiro prolongado, prosigue un silencio entendible de la audiencia. Ella baja la mirada, suelta el micrófono que guarda sus huellas digitales sudorosas y pone las manos sobre sus rodillas. Pasan 7 segundos, voltea a ver a Juan Carlos y en voz baja le dice: “Rising”. Trata de acomodarse estando sentada en un incómodo banco alto de madera, baja la orilla inferior de su vestido de cuero negro hasta las rodillas y empieza a cantar. Odia interactuar con el público. Juan Carlos comienza la melodía con su Korg, un teclado sofisticado que compró con sus ahorros en la universidad.

Susana canta la primera estrofa mientras su banda la acompaña. Mantiene los ojos cerrados y en el primer enunciado del coro, sobresalen lágrimas de su hermosa mirada azul, estropeando su maquillaje. Ella, sin importarle, continúa al compás del teclado de Juan Carlos y termina la canción con un suspiro más corto que el anterior. El público conoce las reacciones de Susana en esas condiciones, así que se abstiene de aplaudir.

La banda espera la señal de Susana para la siguiente canción pero ella se levanta rápidamente, arroja el insoportable banco, toma su chaqueta y sale a la calle, azotando la puerta con desesperación. Camina hasta la esquina evadiendo la luz de la luna llena que la escuchaba con atención. Se pone su chaqueta negra, que fue propiedad de su hermano mayor. Se recarga en la pared y se seca las lágrimas con las manos frías. Saca un listón rojo de uno de los bolsillos de su vestido y recoge su hermoso cabello rubio, largo y ondulado con olor a manzanilla. Del otro bolsillo de su prenda, saca un cigarro y un encendedor de plata. Lo prende y lo consume en 11 minutos. Mira a su alrededor y goza de la profunda y silenciosa oscuridad que la arropa.

Juan Carlos sale del café y busca a su vocalista. Sin complicaciones la encuentra desolada en la esquina.

- Esta vez no fuiste tan lejos - le dice el tecladista con una mirada y sonrisa de alivio.

Susana lo mira con arrogancia y no dice nada.

-Están recogiendo todo para irse y el público ya vació el lugar. Cuando quieras- finaliza él.

Ella se toma su tiempo para dialogar con su soledad y 20 minutos después regresa al pequeño lugar. Busca a Juan Carlos quien escogió la mesa más pequeña y escondida del café para conversar con Susana a solas. Ella camina hacia la insignificante mesa y se sienta con fastidio. Se quita la chaqueta y la pone sobre el respaldo de su silla. Toma un sorbo de su capuccino vainilla que previamente había sido pedido por su compañero, levanta la mirada y dice:

-Sabes que me molesta que te metas en mis asuntos-

-Me encanta cuando predices equivocadamente las cosas- le dice él en tono de burla.

-Qué quieres decir?- le dice ella, como si se le escapara el tema que imaginó.

Él se levanta bruscamente de su silla, se pone su saco verde que había colocado en la mesa de a un lado. Se acerca al oído izquierdo de ella y susurrando le dice:

-Estás fuera de mi banda, talento desperdiciado-

Se retira lentamente esquivando las demás mesas que estorban su paso y sale del café.
Ella permanece sentada y callada. Se encuentra con los minúsculos ecos que emiten las paredes del pequeño café a causa de las voces de los meseros que conversan sobre la baja quincena y los intolerables horarios. Cinco minutos después, se acerca uno de ellos a recoger la copa de vino vacía y el cenicero con medio cigarrillo consumido que Juan Carlos abandonó en la mesa. Se dirige hacia ella y le pregunta:

-Algo más que se le ofrezca, señorita?-

-No-

-Como guste-

Susana se levanta, toma su chaqueta y se retira. Sale del café y mira su reloj. 3:34am. Camina hacia la derecha y su piel pálida se empieza a estremecer por el frío. En el camino oscuro con la neblina descendiendo sólo se escuchan sus pasos entonados por el escándalo de sus tacones negros impactándose con la calle empedrada. Trata de mantener la mente en blanco, pero le es imposible, por el conjunto de recuerdos latentes que su conciencia le grita.

Empieza a memorizar el instante en que su mentor la abandonó. Un hombre de estatura mediana, tez blanca, cejas pobladas, cabello negro con escasas canas, ojos azules y con una pequeña cicatriz en la parte derecha de su frente causada por la conducta impulsiva de Susana. Había sido sacerdote hace algunos años, pero decidió renunciar, dedicarse a la política y a dar clases con título de capellán. Susana lo conoció en la Universidad. Ella tenía 20 años y el 49. Han pasado 4, detenidos y tormentosos, años en los que Susana no ha logrado olvidarlo.

Sigue caminando. Empieza a acostumbrarse al sonido de sus tacones delgados y decide caminar hacia la casa de su adorado amante, su maestro, su mentor. No le importa la inoportuna visita en la hora equivocada y toca la puerta con fuerza. No recibe ninguna respuesta, hasta 3 golpes después. Abre Alfredo, el nuevo mayordomo de la casa.

-Buenas noches, que desea señorita?- pregunta él con desgano, pero serio.

-Vengo a buscar al Licenciado Wilbur, es urgente-

-Discúlpeme señorita, pero, no le dijeron?-

-Decirme qué?-

-El licenciado Willbur ya no vive aquí. Hace unos días partió a Inglaterra a ver a su familia y me parece que ya no regresará-

Susana empieza a sentirse mal. Las imágenes le revuelven el raciocinio. Trata de mantenerse de pie. Siente como poco a poco va creciendo un dolor incontrolable en el pecho, como si le hubieran sacado el corazón en vida.

-Se siente bien, señorita?- le pregunta el mayordomo preocupado.

Susana ignora la pregunta y se retira desorientada. Retoma su nocturno camino a su hogar.

A partir de ese día, Susana pasa el tiempo sola en la oscuridad de su departamento. Enferma de dolor, ahogada en su soledad y depresión, bebe vino tinto con la mezcla heterogénea de sus lágrimas. Se alimenta de la callada y agotadora espera de que él vuelva. Parada en el único balcón de su hogar escucha “Roads” de Portishead, una y otra vez. Describe su estado emocional con la dulce voz de Beth Gibbons. Otros días escoge "Amor porteño" de Gotan Project como soundtrack de sus escenas de desconsuelo. Se olvida de los roncos y efervesentes tonos vocales de Chavela Vargas, pues la harían descontrolar sus pensamientos de ira. Repasa las cartas de caligrafía inglesa que le envió él cuando sus corazones eran latentes y seguían un mismo ritmo.

Veinte días después, de que la desgracia eclipsa sus sentidos, toma un lápiz y papel. Comienza a escribir, después de mucho tiempo, sentada en el suelo de su recámara con la cama de respaldo. Luego de terminar su verso, tira a un lado el papel impreso con sus pésimos garabatos queriendo ser letras. Recoge la copa de vino. Absorbe hasta la última gota, del líquido amargo, y la rompe. Coge el pedazo más grande que quedó de la estructura del cáliz y lo desliza con fuerza sobre el pulso de su mano izquierda, recuesta su cabeza en el colchón y dos minutos después hace lo mismo con la derecha. 16 minutos después empieza a agonizar, a perder el dominio de su mente. Por último se despide de la cruel vida de la que nunca fue digna, y muere. La sangre derramada alcanza a tocar el papel desertado en el suelo que dice:

“Es obligado que recuerde todos los detalles de mis trágicos momentos. Nada de lo acontecido durante estos años lamentables se ha esfumado de esta mente destinada al dolor y a la desesperación. Tengo presente cada matiz ahogado de tu voz, cada gesto y cada movimiento nervioso de tus manos, cada una de tus amargas palabras, de tus venenosas y castigadoras frases.“

domingo, 14 de febrero de 2010

Castigare

"…y señores, podemos concluir que el fin de la Tierra podría estar más cerca de lo que pensamos”. Ultimátum emitido por el International News Time al finalizar una investigación realizada cualitativamente acerca del "Armagedon".

Martes 11 de Mayo, 4:26 am.

El insomnio de Javier lo obliga a permanecer despierto frente a la ventana de su cuarto. Sentado en el suelo, meciéndose, con la mirada fija en la luna, y derramando saliva de su boca, reza los 23 primeros Salmos de la Biblia que aprendió desde los 11 años.

Su madre, vestida con una túnica blanca paralela al color de su cabello, toca rutinariamente la puerta del cuarto de Javier con un pequeño plato de galletas de chocolate en las manos.

- “No te olvides de rezar los 3 proverbios que te enseñe hoy, hijo” - Dice la señora de 68 años al dejar las galletas en el piso.

Y Javier empieza a balbucear de nuevo, como hace tres días.

Su madre, al notarlo, entra bruscamente a la recámara de su único hijo, lo toma en sus brazos y lo empieza a cachetear.

- “ Nunc autem in Christo Iesu vos qui aliquando eratis longe facti estis prope in sanguine Christi” – Grita la madre una y otra vez, hasta que logra calmar a su hijo. Lo arrulla y él cierra sus parpados de tan sólo 43 años.

Horas después, a las 6:55am, Javier y su madre se sientan a desayunar. Los trozos de fruta picada en cuadros perfectos dentro de un platón desinfectado se logran ver sobre el comedor extremadamente ordenado y limpio. Los dos, callados, ingieren sus alimentos, cuando Javier dice:

- “Yo tengo la culpa de mi ataque epiléptico de anoche, madre"

- “No hijo, recuerda que tú eres perfecto. Eres hijo de Dios. Eres una creación de Él. Él te hizo a su imagen y semejanza”

- “Gracias madre, siempre lo recordaré, pero ¿por qué tengo insomnio?. Entonces no soy tan perfecto”

A lo que la madre gritando contesta:

-“Cállate, espíritu de duda y sal del cuerpo de mi hijo!!”

Furiosa, toma un tenedor y lo clava traspasando cruelmente la mano de Javier, que tiene sobre la mesa.
Javier grita desgarradoramente y desentierra el trinchete de su mano rápidamente. Agonizando de dolor, cae al suelo y se desmaya. Su madre se levanta de su silla tranquilamente, toma el tenedor y lo lleva al fregadero de la cocina. Lo lava limpiando la sangre. Minutos después limpia y desinfecta cuidadosamente las manchas de la mesa y el suelo.

Toma de las manos a su hijo desmayado y lo arrastra sobre el suelo y las escaleras de madera. Lo lleva a su recámara. Lo acuesta en su cama y lo cubre con una cobija, cuando de pronto suena el timbre.

Ella baja las escaleras sin desesperación alguna y abre la puerta.

-“Buenos días, doña Martina”- dice su vecino, el señor Hernández.

- “Buenos días, Hernández” – dice ella con una expresión interrogante.

- “Me proponía a ir a dejar a mis hijos a la escuela cuando escuché a Javier gritar desde su casa. ¿Sucede algo malo?”.

- “No. Tal vez fue su imaginación”.

- “No lo creo señora, lo escuché muy claro”.

- “Bueno, tal vez haya sucedido algo malo dentro de mi casa pero creo que usted es el menos indicado para decírmelo ya que no es de su incumbencia, o me equivoco?”.

El señor Hernández con algo de vergüenza le contesta:

-“Si, tiene usted razón. Disculpe mi atrevimiento”

- “Y de una vez dígale a su esposa que no empiece a rumorar sobre esto, está claro?”.

- “Si señora, discúlpeme”.

Martina cierra la puerta con una sonrisa discreta. Se limpia las manos con su camisón blanco después de haber tocado la manija de la puerta y sube a su recámara.

Se recuesta en su cama y prende el televisor.

- “…comparen con veneno y enfermedades los malos engendrados por el espíritu de dominio, astucia y violencia que la bestia poseerá en los últimos días de nuestra tierra, de nuestra existencia. Por eso concluyo que no queda mucho para nuestro deceso ”.

Terminó con la entrevista, realizada por el International News Time, un sociólogo-historiador e investigador de la Universidad de Cambrige, en E.U.A . A lo que Martina dice:

-“Falsos profetas blasfemos arrepiéntanse!!”

Una hora y media después de lo ocurrido en el comedor Javier se levanta de su cama quejumbroso, entra al baño y se lava la herida de la mano con jabón mirándose al espejo. Con un gesto de molestia toma una toalla pequeña y la dobla dos veces, la introduce en su boca y la muerde. Toma dos respiros profundos recordando aquél día en que su padre lo arrojó de las escaleras cuando tenía 8 años, le provocó una fractura en el tobillo izquierdo y lesiones graves en la cabeza; esa es una explicación clara de sus ataques de epilepsia. Abre la puerta del buró que está junto al inodoro y saca una botella de 600 ml de alcohol 96º. Extiende su mano herida en el lavabo de porcelana blanca y con la otra abre la botella con sus dedos índice y pulgar. Cuenta hasta tres mentalmente, cierra los ojos y vacía la mitad de la botella del líquido transparente en la prematura herida. Las venas de su cuerpo están por reventarse.


Se dirige a la recámara de su madre. Ésta al percibirlo se levanta ágilmente de la cama y cierra la puerta asegurándola.

-“Abre mamá!!, quiero que me cantes para aliviar mi dolor!!”- Javier le dice llorando, hincado al pie de la puerta.

Y Martina no contesta.

-“Quiero que me arrulles otra vez”- Javier insiste.

Martina decide levantarse de la cama nuevamente y abre la puerta. Observa a Javier humillándolo con una mirada superiora y le dice:

- “No consolaré nunca más tus heridas. No me importa si mueres desangrado por una perforación minúscula que nada se compara con las heridas de mi Jesucristo. Eres mi castigo, mi pesar, mi tormento, por eso debí escuchar a mi padre y abortarte."

Después de su fría y confusa declaración causada por su trastorno de doble personalidad, Martina mira fijamente a su hijo hincado, patea su cabeza y lo tira al suelo, mientras Javier llena con sus lágrimas el pasillo hasta dormir agotado.