Mostrando entradas con la etiqueta En mi opinión.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta En mi opinión.... Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de mayo de 2010

Los precursores de la mentira (El País de la Simulación).

Los hombres célebres, como son, por ejemplo, los políticos, no eligen sin cálculo a sus amigos y aliados: de uno quieren un poco del lustre y de reflejo de su virtud; de otro el temor que inspiran ciertas cualidades sospechosas que todo el mundo le atribuye. A otro le roban su reputación de perezoso y holgazán, por convenir a su fin pasar en ciertos momentos por descuidados e indolentes- así ocultan que están al acecho-. Unas veces necesitan tener a su lado al caprichoso, otras al investigador, otras el pedante, cual si se tratase de la presencia de su propia persona; pero también sucede frecuentemente que dejan de tener necesidad de todos éstos. Por eso gastan continuamente su séquito y sus apariencias exteriores, mientras que todo parece querer empujarse en ese acompañamiento y aspirar a darle carácter. Su reputación se transforma incesantemente, lo mismo que su carácter, pues lo variable de sus medios requiere estas mudanzas y saca a escena tan pronto una como otra de sus cualidades reales o figuradas; y sus amigos y aliados forman parte de estas cualidades escénicas.

Por el contrario, es “necesario” que lo que quieren permanezca firme como esculpido en bronce y resplandeciendo a lo lejos, y esto exige también a veces su comedia y su juego escénico.

Diego

Para la sociedad la pérdida de un individuo, sea el mejor o el peor de entre nosotros, es un sacrificio insignificante. Lástima que tal sacrificio, en ciertos casos, es necesario pero sería mucho más necesario que el individuo pensara de diferente manera y concediese mayor importancia a su conservación y desarrollo que a su trabajo en beneficio propio.

Por eso, sinceramente, no se lamenta la pérdida del individuo laborioso por él mismo, porque en dado caso la desinteresada sociedad hubiese trabajado con más método para conservarlo más tiempo.

Se reconoce sin duda la ventaja que habría producido esto, pero se tiene más superior y más duradera la ventaja de que se haya consumado el sacrificio, recibiendo nueva y visionaria confirmación el sentimiento de la víctima destinada al sacrificio.

En todo caso hay que respetar más el pudor con que la naturaleza se esconde, detrás de enigmas e incertidumbres y desmentir las grandes mitificaciones humanas creyendo en que el hombre más perjudicial posiblemente sea el más inútil para la conservación de la especie.

Así que Diego, sigue tus mejores o peores inclinaciones buscando tu perdición; así algún día serás probablemente un bienhechor de la humanidad y conseguirás quien te alabe y que te burle.

domingo, 2 de mayo de 2010

En qué creer entonces?

Nos cuesta trabajo entendernos. Buscamos palabras y tal vez buscamos también oídos. ¿Qué somos, entonces?...

A costa de dolores que nos han vuelto fríos y duros, hemos adquirido la convicción de que los acontecimientos de este mundo no tienen nada de divinos, ya ni siquiera nada de racionales, nada de justos y compasivos. Sabemos que en el mundo en que vivimos, quizá ya no existe un Dios que se levante contra la impunidad del homicidio de una infante que no tenía nociones de la maldad y de quien su muerte "se convirtió en una prueba más de la improvisación, la ligereza, y la torpeza de las instituciones encargadas de procurar justicia en el país" según la revista Proceso.

Terminaremos convencidos de que sólo existe un Dios que es inmoral e inhumano, aunque por mucho tiempo le hemos dado una interpretación falsa y engañosa acomodada a nuestros deseos y nuestra voluntad de veneración, es decir, a una necesidad, pues el hombre es un animal que venera.

Nos libramos bien de decir que el mundo tiene menos valor al presente que nos pareciera hasta ridículo que el hombre pretenda inventar valores. Esa desconfianza implacable, honda, radical, se apodera cada día más de nosotros; nos tiene peligrosamente sujetos y podría llegar a poner a las generaciones futuras en esta terrible alternativa: Suprimamos lo que veneramos o suprimamonos a nostros mismos.

Nosotros los pobres, ustedes los...

"Para favorecer los intereses del narcotráfico en el estado de Hidalgo", es una de las acusaciones contenidas en una denuncia de hechos presentada el 11 de Marzo pasado ante la SIEDO (Subproduraduría General de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada) para descubrir si los presuntos nexos de la clase política hidalguense con Heriberto Lazcano, líder de los Zetas, son ciertos.

Hoy en día nuestra suerte es amarga, nuestra esperanza incierta, se necesita un trabajo ímprobo para inventar un consuelo que nos sirva, pero ¿a que?, ¿Cómo podríamos sentirnos en nuestra casa y a nuestras anchas en lo presente los que somos hijos del porvenir?. Somos enemigos de todo ideal que pueda hallar un asilo, un hogar en este momento de transición frágil y desmoronado; y respecto a la realidad de un ideal semejante, no podemos creer en su duración, ya está muy adelgazada la capa de hielo que puede soportar todavía algún peso y hay muchos buitres en la vecindad.

No queremos conservar nada de lo pasado. No trabajamos por el progreso. No tenemos necesidad de taparnos los oídos para dejar de oír a las sirenas de lo porvenir que suenan en la plaza pública. Lo que dicen: ¡igualdad de derechos!¡sociedad libre de corrupción!¡no más señores ni siervos!, ya no nos llama la atención.

Todo eso es parte para que nos sintamos incómodos en una época que gusta de reivindicar el honor de ser la más humana y las más caritativa, la más justa. Pero es muy triste que estas hermosas palabras sugieran pensamientos recónditos tan feos, que no veamos en ellas más que la expresión y el disfraz del aplanamineto más profundo, del cansancio y la disminución de fuerzas.